Autismo y porteo, por Irene Pe

Os presento a mi querida Irene Pe, una mujer maravillosa con quien he tenido la suerte de cruzarme en Red Canguro. Ella es autora del blog Casa en Construcción, donde podéis leer muy distintos contenidos. Os lo recomiendo.

Hoy nos habla de su experiencia como mamá de un peque con autismo, y cómo el porteo les ha unido, incluso contra prescripción médica. Leed su historia, es genial.

Familia_con_portabebesPuedo decir que el porteo empezó con mi segundo hijo.  Si bien llevé a mi hija mayor en portabebés, lo hacía solo para ratos puntuales.  Pero ya cuando nació mi segundo bebé, fue otra la historia.  Primero, necesitaba las manos libres para poder atender a mi hija mayor, darle la mano al caminar en la calle, ayudarla a vestirse, prepararle la comida… pero sin descuidar a al bebé.

Puedo decir también, que una de las razones por las cuales también empecé a portear, fue que mi hijo recién nacido era muy poco demandante.  Lloraba poco, pedía poco.  Podía dejarlo en el cochecito acostado, y quedar ahí largo rato sin pedir mamá, sin reclamar atención.  Así que otro de los motivos por los que empecé a portear, fue porque me daba pena que mi hijo pasase tiempo en el cochecito, solo por bueno, solo por no reclamar.

 

Bebé durmiendo en portabebésLo empecé a portear desde recién nacido, y con los días, cada día un poco más.  Mi hijo era un bebé muy silencioso, así que estando a upa yo le hablaba, le contaba qué estábamos haciendo (“Ahora pelamos una zanahoria”), le describía los lugares por donde íbamos caminando (“¡Mirá, un pajarito!”), lo incluía en toda nuestra vida doméstica.  Cuando estábamos solos los dos, la casa era todo silencio, y él podía estar concentrado en sus juegos solitarios sin llamar mi atención por mucho tiempo, y el porteo era sí o sí un motivo de contacto, de comunicación, de encuentro.

Los portabebés también nos ayudaron a incluir de a poco al bebé en la vida de la hermana mayor, porque no tenía que dejar a uno para atender a otro, y yo pienso que eso se siente y se percibe en la increíble y dulce relación que tienen ahora.

Su “presunción diagnóstica” llegó a los 2 años.  Si bien mi hijo  caminaba desde los 11 meses (como verán, eso de que los niños porteados no van a caminar nunca, es un mito), eran muchos los momentos en los que estaba a upa.  Para acompañarme en las tareas domésticas (cocinar, lavar platos, poner el lavarropas), para ir a hacer las compras, para ir a buscar a su hermana a la escuela.  Muchas, muchas veces también usábamos los portabebés para dormirlo, para ayudarlo a conciliar el sueño, tarea siempre (y hasta ahora) muy difícil.  Así que cuando llegó el diagnóstico, todavía era un niño plenamente porteado.  Tuve que escuchar un sinfín de opiniones diciéndome lo dañino que era, lo mal que le hacía, lo que yo prolongaba un vínculo “de bebé” que ya no era.  En medio de todas estas opiniones, mi dolor y sufrimiento como madre al encontrarme con el diagnóstico, el shock de no saber qué hacer, qué había hecho que estaba mal, en qué me había equivocado.

No lo dejé de portear, no podía.  El porteo era para nosotros un vínculo muy fuerte, una manera de encontrarnos muy nuestra.  Aparte de todos los beneficios por demás conocidos, el porteo era algo muy nuestro.  El porteo nos daba el contacto, las palabras y las miradas que el autismo nos había robado.  El porteo era nuestro mundo de intimidad.

 

Bebé a la espalda en fularSiempre digo que “a pesar” no de haber hecho muchas de las cosas que los profesionales nos recomendaron (como dejar de portear, dejar de amamantar, dejar de colechar), la evolución de mi hijo es más que favorable.  Siempre escuchando las voces de los profesionales, aprendí que la última palabra en lo que compete a mis hijos, la tenemos nosotros, sus padres, y somos nosotros los responsables de decidir sobre sus vidas.  Nosotros decidimos que todo aquello que sentimos que fomenta un vínculo sano, amoroso y sobre todo, aquello que satisface las necesidades de nuestro hijo, continúa en nuestras vidas.

Muy de a poco, mi hijo fue dejando de necesitar ser porteado, y ahora con 4 años, es algo que pide en muy escasas ocasiones… como cualquier niño de 4 años.  Pero siempre que lo pidió, hasta ahora, le fue dado, y lo hemos disfrutado mucho, mucho, mucho.  En mi corazón quedará su etapa de bebé como uno de los momentos más placenteros y felices de mi vida.

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