Me cago en el orgullo profesional

Los extraterrestres terminaremos conquistando la tierra.

La conquista silenciosa es vía implicación de los padres en la crianza de nuestros bebés, tomando como una responsabilidad propia la educación de nuestros herederos sin delegar en la madre o en el colegio.

Cada vez somos más las familias que creemos en que la mejor forma que tenemos para mejorar el mundo y mejorar el futuro de nuestros hijos es inculcando a nuestros pequeños armas para no pelear.

La resistencia es feroz, y yo me cago en el orgullo profesional. Esa especie de barrera que nos impide decirle a la gente que opina libremente o que realiza tareas que tienen implicación sobre nuestros hijos, que no te gusta lo que hace y que no lo haga más.

Todos tenemos un funcionario dentro a quien, con suficiencia, le gusta demostrar lo expertos que somos en nuestro ámbito. Esto esta muy bien pero, ¿es oportuno asentir cuando las clases magistrales de otros afectan a la educación de nuestros hijos?

Los ejemplos son miles, así que hemos decidido hacer una clasificación de los principales tipos de orgullos que por suerte hemos herido:

ORGULLO PROFESIONAL DE TIZA

Profesora y alumna. Cada Mochuelo a su Olivo.

El profesor de infantil que se queja porque tu hija de 4 años termina la tarea y molesta a los demás alumnos, y cuando le dices que le ponga tarea adicional (algo divertido, que se lo ha ganado) para que no se aburra, te dice que el programa lo gestiona él/ella (herid@ en su orgullo de tiza). Tanto es así que incluso la jefa de estudios se implicó en “el caso”, ya que un padre le ha dicho a un profesional que no le gusta cómo lleva la clase porque no se dedica a las necesidades individuales de cada niño.

La educación de nuestros hijos la gestionamos nosotros, no el resto.

 

ORGULLO

PROFESIONAL 

DE BATA BLANCA

Cuando tienes un recién nacido con 2 horas de vida, y tras tener una parto trabajoso, te viene la enfermera y te dice que es obligatorio que en ese justo momento, ¡a las 3 de la mañana!, es obligatorio que le echen un colirio en los ojos, que le pinchen una vacuna y que se tome una vitamina, y que poco más que porque se haga 6 horas después es bajo tu responsabilidad si el niño le pasa algo.

El orgullo de bata blanca es uno de los mas complicados de gestionar, porque a todos nos causa un respeto amplio cuando alguien con bata nos da un consejo – orden.

Enfermera poniendo vacuna. Cada Mochuelo a su Olivo.

Tener bata no implica ser experto. Me pude dar cuenta cuando en el reciente nacimiento de nuestro nuevo mochuelo, cuando una enfermera decidió bañar a los bebés, hasta ahí conforme. El problema es que entre 2 enfermeras recogieron a unos 8 niños para bañarlos, y mientras bañaban a uno, los otros siete lloraban. Mientras los padres asistíamos (desde el pasillo) entre atónitos y preocupados cómo nuestros hijos, con un día de vida, lloraban sin consuelo a la espera de su turno.  Ninguno de los padres nos atrevíamos a invadir la sala donde nuestros hijos sufrían, ya que había muchachas con bata blanca dentro.

Tras pedir permiso, le dije a la enfermera, voy a entrar y voy a calmar al bebé. Una vez calmado y bañado, me sentí un poco mal por haber invadido el espacio de la enfermera, y al despedirme le dije algo así como “es muy pequeñito y tenía miedo”, a lo que me respondió ” los niños tan pequeños no entienden de miedo”. JAARRR. Una enfermera con más de veinte años de experiencia bañando miles de niños y no tiene sensibilidad con los recién nacidos.

Lamentable. Nunca me alegre más de herir el orgullo de la bata blanca.

 

ORGULLO

PROFESIONAL 

DE MADRE VIEJA

Madre porteando y tendiendo pañales de tela. Cada Mochuelo a su Olivo.

El más famoso de los orgullos profesionales es el orgullo de madre vieja. Éste es el orgullo que se siente herido cuando alguien, sin pedirle opinión, te la da. Y cuando le dices que lo que te ha dicho no tiene sentido, se siente herida. Por ejemplo, “si coges el niño en brazo mucho se te va a acostumbrar”. Señora, para eso lo cojo en brazos.

Aunque es complicada la contestación, ya que normalmente los comentarios son bien intencionados, lo cierto es que no debemos sentirnos mal, ya que el efecto es negativo. Es negativo porque te hacen sentir mal.

“Pobrecito el niño ahí subido en el fular, se te va a caer”. No, señora, el niño no se cae, y si le mira la cara al niño verá que está mejor que usted.

“Panales de tela, qué antiguo”. Señora, aparte de ahorrarme una pasta, el niño tiene menos irritaciones en el culo y deja los panales mucho antes.

 

La resistencia es dura, pero la riendas las tenemos nosotros.

Me siento orgulloso cuando mis hijas pasan unos días con sus abuelos y otras parejas, que también son abuelos de niños de edades parecidas, me dicen que mis hijas están a años luz en cuanto a autonomía, que tienen criterios propios.  Y pienso que si a todos los niños los criaran con apego, dándole prioridad a la autonomía, el afecto a los demás y la creatividad, en pocos años el mundo seria mucho mejor.

 

Luego me vengo abajo, cuando en un parque infantil veo a los padres fumando alrededor.

No sé si en el resto de España es igual, pero hace unos fines de semana acudimos a un cine de verano que organizaba el ayuntamiento de nuestro pueblo, pegado a un parque infantil. Gratuitamente, por supuesto (las familias con bebés pequeños vamos poco al cine) donde proyectaban Cómo entrenar a tu dragón 2 , es decir, una película infantil. ¿Cómo es posible que algunos padres fumaran aprovechando que era al aire libre? El aire libre no es una barra libre si hay niños alrededor.

¿Te has sentido alguna vez como un extraterrestre? Seguro que si has tenido alguna vez las agallas para herir el orgullo profesional, has podido ver la cara de “¿este/a tí@ de donde ha salido?” O quizás has tenido ganas de ser inducido y usar la cara de otro.

¿Conocéis algún otro tipo de orgullo que os hayáis encontrado? Nos encantaría conocer si habéis tenido alguna vez agallas para herir orgullos profesionales. Nos lo podéis contar en “comentarios”.

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